
En cambio, la boca que no le atraía era de pronto una boca
real (sólo una boca), es decir ese orificio afanoso por el que habían penetrado ya dentro de la chica cientos de kilos de patatas y de sopas, los dientes tenían pequeños empastes y la saliva no era una bebida embriagadora, sino la hermana gemela del escupitajo. La lengua de ella llenaba la boca del trompetista como un bocado desagradable que él no podía tragar ni debía escupir.
De LA DESPEDIDA, Milan Kundera. Traducción de Fernando de Valenzuela. Tusquets.
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Mujer, detalle. Pastel de aceite.
3 transeúntes:
saludos profe y futuro maestro pasaba por aki a saludarte, te sigo vel.
angel, voltios.
me gustan esos labios carnosos
Bueno, pues no has tardado mucho en volver, aunque te eché de menos. Pero tú, a lo tuyo. Un beso.
no es nada apetecible ese beso, no
saludos
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