lunes 28 de septiembre de 2009

UN BESO SEGÚN KUNDERA

En cambio, la boca que no le atraía era de pronto una boca real (sólo una boca), es decir ese orificio afanoso por el que habían penetrado ya dentro de la chica cientos de kilos de patatas y de sopas, los dientes tenían pequeños empastes y la saliva no era una bebida embriagadora, sino la hermana gemela del escupitajo. La lengua de ella llenaba la boca del trompetista como un bocado desagradable que él no podía tragar ni debía escupir.

De LA DESPEDIDA, Milan Kundera. Traducción de Fernando de Valenzuela. Tusquets.
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Mujer, detalle. Pastel de aceite.

3 transeúntes:

Angel dijo...

saludos profe y futuro maestro pasaba por aki a saludarte, te sigo vel.

angel, voltios.

me gustan esos labios carnosos

Begoña Leonardo dijo...

Bueno, pues no has tardado mucho en volver, aunque te eché de menos. Pero tú, a lo tuyo. Un beso.

escalera de caracol dijo...

no es nada apetecible ese beso, no

saludos