viernes 31 de julio de 2009

¿CLIC? (autorretratos)

Estaba sentado en una silla, al sol enfermo de un mediodía de finales de Febrero. Tomaba un té con leche. Desde que dejé de fumar tomo té con leche, y tengo los dientes mas sucios que cuando fumaba frenéticamente. Tomo té al calor del mediodía, tomo el aire y también tomo una pastilla para el dolor de cabeza, tengo una ligera resaca.
Oí un
clic, o mas bien un clac, o quien sabe, creo que llevaba “r”. Sería un clarc.

(Igualito que Brick en “La gata sobre el tejado de Zinc”).

Escuché de nuevo ese clarc que ya conocía, y de nuevo comprendí. Jamás, pedazo de mierda, nunca. No serás feliz.
(Quizás).

Quizás algún minuto, un instante, algún momento que me llene los ojos de lágrimas, pero por lo demás, la felicidad está destinada a los
triunfadores, los que tienen pelo, ropa variada que además les sienta bien, una bodeguita, qué se yo, esas cosas que te hacen comprender lo feliz que eres y te hacen hablar de manerapaternalista, mostrando la importancia de la propiedad, de la familia, de la integración social, de las buenas costumbres y todas esas cosas maravillosas y trascendentales que están destinadas a unos cuantos elegidos.

Pero, esos momentos de alegría.

(Ah, sííííííííí).
Recuerdo algunos.
Recuerdo una tarde muy calurosa de verano, el olor de un canuto, serían las nueve y media de la tarde, una clara helada, recuerdo el olor del costo, era muy malo, petrolero, tenía plástico mezclado. Acabábamos acostumbrándonos y hoy lo echo de menos, echo de menos aquel olor nauseabundo.
(Recuerdo cuando escuché por primera vez a los
Dire Straists).
Recuerdo aquella vez que volví del
conservatorio con una obra nueva para estudiar. Una obra nueva era para mí un deseo cumplido, para mis compañeros era una nueva tortura. Recuerdo que era un preludio de Bach, me puse a llorar al segundo compás.

(Stendhal hubiese vomitado, pero yo lloré).

Recuerdo a alguna chica. Si. A alguna si. A más de una. A casi todas. A todas.

(¡oh! Qué desgraciado me siento).

De alguna de ellas me enamoré perdidamente. Era tan torpe, tan estúpido, tan mudo, tan inútil, a menudo recordándolo me masturbo con rabia. Podría correr como Edgar (Allan) hacia ellas de una en una, llorando pusilánime a pedirles que vuelvan conmigo, -porqué me abandonasteis, me dejasteis y ahora estoy aquí, solo, con las manos manchadas por mi imaginación solitaria. ¡Sij!
(Recuerdo la furia de mi adolescencia).
Recuerdo cómo toqué a
Chopin,
un cuadro terminado,
una
conversación,
un pitillo,
un bocadillo de queso,
un paseo,
un polvo,
una canción,
una actuación,
una carcajada, una poesía, un beso, un libro...
Tal vez la felicidad sea cuestión de recuerdos. De algunos. Yo escuché ese
clarc que me hizo comprender que jamás sería feliz, y aún así, no dejo de recordar.

........................................................................................................................

Los tres cuadros son autorretratos realizados con óleo plastificado sobre tabla.

jueves 2 de julio de 2009

LA CAÍDA.

Ahora ya estoy más tranquilo, he comprendido que no tiene remedio. Me sigue angustiando la idea del choque, pero al fin he aceptado la inevitabilidad de mi situación. Siempre me había preguntado como sería, es una pregunta (seguramente) que alguna vez se habrá hecho cualquier persona. También es parte de los sueños, muchos sueños acaban así antes de convertirse en pesadillas. Por eso me cuesta dormir. Cada vez que cierro los ojos, inmediatamente me despierto asustado.
(Me caigo).
Cuando comencé a descender estuve en pánico durante un tiempo que no podría precisar, grité, pataleé y me angustié ante la idea de morir estrellado, de chocar contra el suelo. Con el paso de los minutos comprobé que el final nunca llegaba.
(sigo cayendo).
El susto y el espanto me han dejado agotado, he conseguido dormir, pero el descanso no ha sido nada sosegante, soñé que caía, me despertaba constantemente pataleando, por un momento pensé que estaba cómodamente acostado en mi viejo colchón.
(siempre hacia abajo).
Ahora es difícil distinguir si estoy flotando o cayendo, me oriento por el rozamiento del aire que seca mi boca. Tengo hambre, pero eso no es lo peor, me muero de sed, y esta si que es un manera horrible de morir. He visto multitud de documentales de gente que ha sobrevivido a situaciones dramáticas, sin agua ni comida, acosados por alimañas, frío o calor intenso, etc. pero ninguno era sobre gente que hubiese sobrevivido a una caída de días.
(No he dejado de caer ni un minuto, que yo recuerde).
Con la práctica he conseguido aprender a desplazarme, pero al igual que no se ve el final, tampoco veo paredes, las busco para golpearme contra ellas y acabar de una vez, darme un golpe en la cabeza que me deje K.O. esperar a la muerte desangrándome (qué dulce) o desmayado o en coma. Sería como morir durmiendo (en mi viejo colchón). Lo malo es que siempre me despierto pataleando.
(Ya no puedo tener sueños).
La caída me impide respirar, así que tengo que descender de espaldas, al principio miraba constantemente por si aparecía el final. El poco líquido que me quedaba, acabo de orinarlo. El mear me ha hecho comprobar la velocidad de mi caída, he dejado atrás, a velocidad del rayo, la orina.
(Desciendo a una velocidad vertiginosa).
Ahora que han pasado los días, que parece una eternidad, ahora que tengo la lengua hinchada, que me desmayo constantemente y me despierto de la pesadilla que se repite, ahora parece que llevo así toda la vida, toda la vida cayendo, sin asideros, sin red, sin nadie.
(Toda la vida cayéndome).
.............................................................................................................
Los cuadros son una selección de la serie DISTORSIONES. óleo plastificado sobre tabla. Se pueden ver en su totalidad pinchando aquí