sábado 16 de enero de 2010

LA EXTRAÑA Y TERRIBLE MUERTE DE AVELINO BUENAVENTURA.

n es hoy el día en que sigo dándole vueltas. Siempre he pensado que este caso se cerró en falso, aunque las evidencias señalasen lo contrario. Por más que se investigó no se encontraron motivos para continuar. Había sido un suicidio. El suicidio más salvaje y extraño que se conozca. Se llamaba Avelino Buenaventura Fernández. Según el informe se suicidó en la mañana del jueves 20 de enero de 2001 es decir, el 20/01 de 2001. Esta sucesión numérica fue analizada por si daba algo de luz a la total falta de respuestas con que nos encontramos en nuestra investigación, pero nada indicaba alguna relación ni con su muerte ni con su vida. Fue el único día de su vida laboral en que no acudió al trabajo. Lo que me sigue asombrando es que tal atrocidad hubiese sido llevada a cabo por su propia voluntad. No se le conocían patologías mentales, es cierto que no existían informes médicos al respecto que lo confirmasen, pero se podía asegurar que era mentalmente estable por las declaraciones de sus compañeros de trabajo y de sus conocidos. Era una persona normal y afable. Le gustaba quedarse en casa la mayor parte de su tiempo libre. Soltero y sin hijos. Tampoco se encontraron motivos recientes ni pasados que aportasen alguna clave para encontrar las causas de su penoso final. Ninguna relación actual o anterior, alguna causa amorosa que lo atormentase. No consumía drogas y apenas bebía. Todas las razones que pudieran llevar a pensar que fue un asesinato (ya que, lógicamente, lo creíamos firmemente) se fueron cayendo una a una. En su cuerpo no se encontraron señales de lucha ni moratones que se hubiesen podido ocasionar al ser agarrado por otras personas. Teniendo en cuenta el tipo de asesinato cometido, tendrían que haberlo forzado varios sujetos con mucha fuerza, lo que hubiese provocado heridas y todo tipo de marcas y cardenales. Sí que se encontraron los músculos con señales de agarrotamiento a causa del esfuerzo que tendría que haber hecho para soportar el enorme sufrimiento y dolor que se infringió a sí mismo si aceptamos (como dice el informe) que se suicidó en plenas facultades físicas y mentales. Tampoco encontró el forense, al hacer la autopsia, alcohol en sangre ni barbitúricos de ninguna clase que hubiese podido tomar para quedarse dormido y así superar la agonía de su muerte. Avelino estaba limpio. Su casa era una casa normal. Como él, como su vida. Lo único anormal de su existencia fue su muerte. Por supuesto se investigó su entorno familiar y de amistades. Era huérfano y sin hermanos. Con el resto de la familia nunca había tenido ninguna clase de relación, y no eran más que primos segundos a los que no conocía. En cuanto a amistades, sólo podríamos hablar de conocidos, ningún amigo íntimo. El piso donde vivía estaba impoluto, su ropa perfectamente planchada, doblada y guardada. Ni una mota de polvo, aunque sin llegar al extremo de buscar en su pulcritud una patología obsesiva. No, todo estaba razonablemente bien. Tenía una amplia selección de libros de todo tipo, pero ni el siquiatra forense ni nosotros encontramos en los títulos nada que ofreciese razones para la barbarie que allí nos encontramos. Tampoco hallamos textos escritos por él ni una nota de despedida. Se cumplía, eso sí, una característica muy común en todos los suicidas, la nevera estaba vacía. No quedaba nada. Tampoco había ninguna bolsa de basura. Todo estaba correcto. Incluso tuvo la deferencia de hacerlo a una hora en la que el vecindario no corriese peligro en caso de que tardaran en encontrar su cuerpo. Ya que no se le oyó gritar, los vecinos se alertaron por el olor. Un olor nauseabundo que provocó a los bomberos que echaron la puerta abajo vómitos espasmódicos, también por la escena tan atroz que se encontraron.

Avelino Buenaventura se tumbó en el suelo sobre unos confortables cojines e introdujo la cabeza en el horno de su cocina. El horno no era de gas, si no eléctrico, estaba al máximo, a 250º. Murió lenta y agónicamente. El cuerpo estaba intacto, la cabeza, sin embargo, estaba completamente carbonizada. El piso estaba lleno de humo y de ese olor que aún hoy persiste. No he dejado de pensar e imaginar por lo que tuvo que pasar. Qué puede llevar a una persona a hacer algo así, por propia voluntad, sin ningún motivo aparente. Por último nos quedó la morbosa duda de si Avelino habría precalentado el horno o se habría cocinado poco a poco.

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cuadro:rostro lineal. óleo-tabla.120x80.


7 transeúntes:

Voltios dijo...

C O J O N U D O, VEL, muy bueno tío, y el lienzo la leche,, un buen bofetón.

jorge dijo...

grande

Mercedes dijo...

Casos extraños de este calibre se dan de vez en cuando. Te quedas muerto cuando te enteras de que alguien se ha suicidado de esta guisa, infringiéndose un casigo tan atroz. Yo conozco un caso parecido.
El cuadro, muy bueno, me ispira caos en orden, es una contradicción, pero es lo que me inspira.
Me alegra ver que has encontrado un rato para ponernos una entrada. Suerte con la opos de piano.
Hasta la vista.

rblanco dijo...

Muy buen e intrigante relato. ¡Qué repelús! Y un cuadro muy acorde con el relato.

Un abrazo
Sofi

VELPISTER dijo...

gracias a todos por vuestra visita.
un abrazo sincero.
peter

Anónimo dijo...

aah tio, le hubieras puesto el motivo. y a ver, por qué la nevera vacía? a lo mejor como supo que era su ultima vena quiso aprovechar :P

VELPISTER dijo...

Ahhh tío/a el motivo no importa (a mi) sólo importa el relato de los hechos.
Y la nevera vacía es típica de los suicidas :(