jueves 30 de septiembre de 2010

VINALIA TRIPPERS PLAN 9 DEL ESPACIO EXTERIOR. TODO EL MUNDO PUEDE LEERLA.



Ahora todo el mundo puede leer la revista, aunque bien podría llamarse libro, de relatos marcianos, literatura al margen, artistas al margen, locos y marcianos, en nuestra salsa.
Que disfrutéis de la cultura gratuita!!!!!
También se puede adquirir en papel. Más información pinchando en la foto de abajo.

Vinalia trippers Nº10. Portada de Miguel Ángel Martín
pincha en la foto para ir al blog de Vinalia Trippers

miércoles 29 de septiembre de 2010

¿HUELGA? ¿SINDICATOS? A MÍ ME LA SUDA, PERO...

Será porque estoy al margen desde hace muchos años del sistema o, como mínimo, del sistema de la seguridad social (todo en negro, amigos), será que hay cosas que entiendo con claridad sobre esta huelga y otras que para nada, será también que no voy a entrar en ello y no porque no quiera mojarme, que llevo empapado unos cuantos años con diversos resultados para mi persona, pero como últimamente tengo la costumbre de escribir de todo pues voy a contaros esto.
Yo tengo un suegro que es muy facha muy facha, siempre ataca ciegamente a los sindicatos y etc. Como es bastante ignorante, muchas veces le digo (le explico) que la mayor parte (o todos) de los derechos, buenos o malos, muchos o pocos, de los trabajadores no han sido otorgados por el patrón, ni por Dios, que es quienes él cree que le han dado un día libre a la semana para descansar, vacaciones, bajas médicas, horarios.
Es cierto que los sindicatos tienen muchas cojeras, no hay excusas para eso. Alguien podría rebatírmelo, podrían rebatirme cualquier cosa, pero se eternizaría la discusión porque yo a su vez rebatiría con asquerosidades que conozco de primera mano de las corruptelas que empiezan por un pequeño poder que le sigue a otro y este a otro hasta llegar no al gran poder, sino al puto asco de la avaricia, de la mentira, de la pura delincuencia.
También es cierto que uno de los argumentos de la extrema derecha o simplemente de la peculiar derecha de este país (es decir), es que por qué se han de subvencionar con dinero público los sindicatos, los partidos políticos etc. Pues mira que ahí podríamos estar de acuerdo, pero yo añado: y los clubes de fúrbol, la monarquía, los espectáculos culturales, el teatro, el cine, las fundaciones de dudosa honorabilidad, las medallas de congresos de países extranjeros, o de aquí dentro, porque hay para todos.
Y yo podría dar la razón en todo eso y añadir que será que es lo que tiene el estado democrático, y esto lo dice un ácrata convencido, pero tampoco me vale (por mucho que sea cierto) eso de que “¿desde cuando es bueno lo que dice la mayoría?” “¿no será que siempre es uno solo o unos pocos los que tienen razón? ¿los que portan la verdad?”. Yo a esto lo llamo mesianismo, y la democracia será muy mala y tendrá muchos defectos, pero la idea de un mesías salvador aun me parece peor
Es cierto, a mi los políticos cada vez me dan más asco, me resulta imposible, absolutamente imposible fiarme de ellos, pero me dan mucho más miedo ciertas personas, ciertos grupos de poder civil, la extrema derecha o incluso la extraña derecha de este país, en especial la de Galicia, machista, ultra religiosa, reaccionaria, xenófoba, racista y homófoba (hey, ¡schist! cuidado, y muchas más cosas). Puede que a los políticos, al fin y al cabo, se les pueda controlar de alguna manera, pero las ideas terribles, el pensamiento que recorre a la sociedad civil, al final es el que dicta un tipo de civilización u otra, y a mí, la que veo, me da miedo. Sigo pensando que no todos somos iguales, también sigo pensando que hay unos peores que otros o, mejor dicho, que los hay mejores. Y esta es una manera de acabar creo que bastante optimista, raro en mí. Qué duda cabe.
Hoy no tengo ilustración para acompañar. Ale.

martes 28 de septiembre de 2010

CAPITALISMO. UN POEMA DE ANA PÉREZ CAÑAMARES.




El hombre seboso y trajeado se cuela en nuestra cama cada noche

después de follarse al universo viene a susurrarnos nanas

su obsesión por nosotros no descansa nunca

en nuestros sueños nos persigue

con su disfraz de perro, de vendedor, de cura

de espiga de trigo, de pistola en el bolsillo

su disfraz de muerte, su disfraz de vida



sé que tú le gustas con ojeras

yo le pongo cachondo cuando estoy cansada

con la voluntad suspensa

me quiere flaca aunque me tienta con chucherías

y a ti elegante aunque te duelan los huesos



me empuja a emborracharme pero no por diversión

sino para olvidar

que mis horas de ocio se cierran siempre con balance negativo



cuando estamos a punto de enfermar por agotamiento

nos premia con unas vacaciones

y nos tiende los billetes como el cazador

lanza un hueso al galgo que ahorcará mañana



me instiga a desear cosas que no necesito

aunque él nunca tiene para mí un regalo



dice que mis enemigos son aquellos

que quieren lo mismo que yo

porque no hay bastante

nunca hay bastante para todos



y nos cobra por lo que es nuestro

por el agua de lluvia

por el sol y la arena

por los claros del bosque

y los manantiales



secuestra a mi amor durante 10 horas cada día

y cada día me lo devuelve más viejo



con sus brazos lascivos abraza a mi hija

y yo grito ¡huye!

-he visto los primeros signos de rendición

en su rostro inocente-

pero no sé mostrarle la puerta de salida



y más que mi felicidad, lo que a él le preocupa

es atisbar en mi cara un rastro de consuelo

que me permita llegar hasta la próxima tregua



cada día me pone café en los labios

para que aguante, y luego una pastilla

que me aplaque los nervios, para que descanse y duerma

mientras él sigue haciendo conmigo lo que le viene en gana



(a veces se tumba sobre mí y yo con los ojos abiertos

miro al techo, y si se da cuenta me dice

que ya va siendo hora de pintarlo)



envenena la comida con que me alimenta

me prohíbe fumar mientras engorda mi ansiedad

y me quita los chupetes que podrían consolarme



provoca mi llanto

y después me obliga a maquillar las señales de la tristeza



si me pongo rebelde, ríe paternalista

cuenta que él también pasó por esa época

y mi rebeldía la rebaja a moda

que luce en camisetas los sábados por la mañana

cuando sale a comprar los cruasanes y el periódico



él me da detalle de cada asesinato, de todas las guerras

de las violaciones y los golpes de estado



pero tanta información me deja sorda y ya no escucho

los crujidos ni los llantos en voz baja

las señales del desmoronamiento



y él calla que cada muerto, cada herido

las mujeres violadas y los que sufren torturas

todos recibieron su visita antes de convertirse en lo que son ahora



se zafa de las culpas con promesas

pero yo sé que una palabra suya

bastará para condenarnos



y si desaparece es para espiar a salvo y oculto

en los bares, en los hoteles, en los baños, en las celdas



tengo que darle las gracias porque

¡tú eres una mujer moderna!, grita animoso

de las que habla inglés, trabaja en casa y en la oficina

va al gimnasio y aparenta menos edad de la que dice el dni

tienes nociones de pedagogía aunque apenas veas a tus hijos



y además fuiste bendecida con una vocación

para que puedas sentirte mejor que otras

(y yo callo que yo no quiero ser artista

si eso va a convertirme en diferente

porque ya me siento lo bastante sola

y no quiero competir en más carreras)



si muestro debilidad, susurra, todos querrán aprovecharse

(como si él dejara algo para los otros)

mejor será que despliegue arrogancia

(con todos menos con él)



de todo me habla pero no de quién recogerá los restos del naufragio

ni en qué lugar nos reuniremos los náufragos para organizarnos

para hacer un fuego, compartir la comida y quitarnos el frío



aunque antes hay que hacer acopio de fuerzas

para no abandonarse cada uno en su rincón



Un día, no sé cuándo, yo le voy a cobrar

sus cadáveres, las humillaciones

el secuestro de la inocencia

el expolio de los sueños



yo le voy a cobrar, no sé cuándo



y la primera puñalada que le voy a meter

va a ser por las caricias que no nos dimos

por los polvos que no echamos

tú y yo

cada vez que se cuela en nuestra cama

y nos dice que mañana, mañana, mañana

mañana el despertador sonará a las 6.30



y veinte minutos de sueño

nos harán mejores soldados a su servicio



Te lo juro, mi amor. Una puñalada

por cada polvo que nos robó

y luego ya el resto, por los presos, por los indigentes

por el dolor que no merecemos sufrir ni ver

por los campos arrasados

por los animales que se hacinan

por los niños que trabajan

por los ojos que se cierran por el cansancio y la muerte

por el tiempo que no volverá

por la vida que nos robaron

por la vida

mi amor

por la vida.


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Cuadro:
 kim phuc. la niña del Napalm 
óleo plastificado-tabla.120x80

lunes 27 de septiembre de 2010

LA MAMADA PURA O EL CASTIGO SIN CRIMEN. FIN.

La prensa se hizo eco enseguida. Todo el mundo se enteró de la situación en la que había llegado al hospital. En los periódicos salió “joven promesa del piano llega en estado lamentable al hospital”. Pura carnaza para el periodismo amarillista provinciano. La lesión de espalda resultó ser muy grave. De tanto estudiar sentado al piano, según parece en una postura inadecuada, había debilitado mucho mis vértebras y el esfuerzo de mover a la gorda me provocó una contusión que se agravó definitivamente cuando me golpeó y caí al suelo, haciéndose crónica y morrocotuda la lesión. Me fue otorgado un 65% de invalidez. Me llegaron telegramas de mis insignes profesores, aquellos a los que yo había mirado de abajo arriba en tantas ocasiones, de mis colegas y compañeros que estaban de gira de conciertos. Todos me prometieron una visita en cuanto les fuera posible, pero no volví a verlos nunca. Nunca. Sí venían a visitarme mis amigos de toda la vida, entre ellos Paco, que lloraba amargamente mi desgracia y esperaba que me recuperase para ir de juerga otra vez por ahí. También la gorda. Venía todos los días a verme. Un día le dije que no volviese más, pero no me hizo caso. Tampoco vino a verme nunca la chavala del concierto. No recuerdo su nombre. El nombre de las personas es muy importante siempre, pero en este caso lo era más, cuando me acordaba de ella, porque mi discapacitación no me lo impedía, tenía que inventarme un nombre para evocarla.
Mi carrera se truncó. Yo, que me había preparado para tocar en el Carnegie Hall, el Covent Garden, el Liceu, el Teatro Real, ante personalidades, presidentes, premios Nobel, artistas, que follaba con adorables jovencitas que besaban por donde pisaba, a mí, que las casas de piano me regalaban sus instrumentos para que los promocionase.
Me presenté a las oposiciones de profesor de piano del Conservatorio como minusválido o discapacitado o inválido o como se le quiera llamar. Siempre pensé que, ya que se reservaba un número indeterminado de plazas para discapacitados, pocas porque eran pocos los que se presentaban, por qué no reservaban también un número de plazas para artistas, pocas, porque serían siempre pocos los artistas que se presentasen. Preparé el programa como malamente pude, pedí una recomendación (a pesar de que siempre dije que jamás me rebajaría a eso) y se me concedió una plaza que actualmente ostento en propiedad y que, sin duda, malgasto.
Soy un profesor malísimo, en todos los sentidos.
Ya ni siquiera me visitan mis viejos amigos, porque tengo una  mala hostia monumental. A veces viene Paco, que siempre me pide que le cuente esta historia, se ríe como un hijo puta, por eso me he decidido a escribirla, se la mandaré por correo y me despediré al final de la carta diciéndole que no quiero que venga más por aquí, que ya no le soporto más, pero seguramente no la leerá entera, así que volverá, volverá siempre que él quiera.
El  final de esta historia me recuerda al final de Crimen y Castigo, aunque yo sólo sufro un castigo, sin crimen.
La gorda viene muy a menudo. La verdad es que viene constantemente. Me ayuda. He adelgazado tanto que me coge en brazos con una facilidad insultante teniendo en cuenta el origen de mi lesión. Me limpia, me arregla, me hace la comida.
Le voy a pedir que se case conmigo. De regalo le pagaré un tratamiento completo en el dentista para que le arregle su piorrea sin remedio, aunque no pienso besarla.

Cuando la gorda me hace una mamada pienso en la chavala, como no recuerdo su nombre la llamo la chavala, aunque ya casi olvidé su rostro. Quise averiguar su nombre, pero no conseguí encontrarla entre las pianistas emergentes, así que se ve que no debía de tener demasiado talento.  Cuando me la chupa, decía, se quita la dentadura, siempre es una mamada perfecta, pienso en la chavala, me corro y le pido que se vaya, que no vuelva. Pero he decidido pedirle matrimonio porque cada vez que se agacha para chupármela, cada vez que se humilla, cada vez que yo pienso en la chavala a la que ya no le pongo cara, ella, la gorda, me hace una mamada perfecta. Una mamada pura.
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Dibujo:
Un hombre solo. Tinta Pilot.

domingo 26 de septiembre de 2010

LA MAMADA PURA O EL CASTIGO SIN CRIMEN 3ª parte.

Evidentemente sabía que follaría esa noche. Si retomamos el principio de esta historia recordaremos que estaba en uno de esos momentos que se parecen a las crisis creativas por las que los artistas pasamos en algún que otro momento. Llevaba meses sin follar. Meses. Estaba, además, borracho, fumado y encocado.
Nos dirigimos a su casa. Vivía en la parte vieja, en un edificio rehabilitado muy bonito, al lado de la Plaza Mayor. No tenía ascensor, era el 5º. No podía comprender el enorme culo de la gorda si tenía que subir y bajar varias veces al día aquellas escaleras. El piso era muy acogedor, parecía de estudiante progre con dinero. Muchos libros variados, olor a pachulí, colección de CD de música clásica y otras. Preparó un té y puso las Gnossiennes de Satie.
-Vaya, estas las toqué hoy.
De repente recordé a la jovencita del público. Le pedí que las quitase, que pusiera otra cosa que no fuera música clásica. Puso a Leonard Cohen, Chelsea Hotel.
-¿Sabes de qué va esta canción?
-No.
-¿Entonces por qué la escuchas?
- Porque suena bien. Qué pasa ¿Tú entiendes todas las óperas de Wagner?
- Vaya- dije-, sí, eso es cierto, las dos cosas son ciertas, aunque sí sé de qué van.
Le expliqué, fui traduciendo poco a poco.
Estábamos sentados en el sofá. Acababa de poner el té sobre la mesa. Lo cogí, estaba hirviendo, entonces me dispuse a besarla, pero con mi ímpetu calenturiento y etílico se lo tiré por encima de la pierna.
-Vaya, quema- dijo conteniendo un grito.
Estaba tan caliente que aguantó el dolor y empezamos a morrearnos. Lanzaba unos grititos extrañísimos, quizás si fuera una tipa despampanante, por ejemplo la chavalita del concierto, me habría excitado más, pero viniendo de ella sólo me resultó curioso, especialmente porque aún no había empezado a manosearla por ningún lado. Era una mujer considerablemente voluminosa, no sabía muy bien por donde empezar, así que le propuse que nos fuéramos a la cama.
-Tengo la regla, ¿te importa?
-¿Que si me importa tía?- pensé -. Mira una cosa, estás gorda, eres muy mayor para mi, no eres precisamente una belleza, tus encías tienen un color de lo más extraño que no consigo distinguir, y yo estoy aquí, borracho y dispuesto a follar contigo, a que me folles, ¿y me preguntas que si me importa?
-No. Si a ti no te importa, a mi tampoco.
Era administrativa en el SERGAS y, entre otros beneficios, se ve que tenía gratis y de por vida aprovisionamiento de condones. Tenía en una de las estanterías del dormitorio una caja enorme llena de condones, debía de haber por lo menos 300. Se conoce que la tía tampoco follaba mucho. Estaba tan desesperada como yo. Seguía lanzando grititos rarísimos, aunque ni siquiera la había tocado. Cuando estábamos en la cama, preparados para follar, ella estaba debajo y decidí colocarla adecuadamente. Puse las palmas de mis manos bajo su inmenso culo y la moví para que fuese más fácil embestirla. Era tan pesada que no conseguí moverla ni un milímetro, y me dio un tirón en la espalda.


-¡Ay!
-¿Qué pasó?
-Nada, nada. Es que me gusta que te pongas así.
Se colocó y follamos. Fue desastroso, no nos corrimos ninguno de los dos. A Leonard se la seguía chupando la Janis. Nos quedamos dormidos. No era una cama de matrimonio, o puede que sí, pero de todos modos dormí agobiado por la resaca, la falta de espacio y el calor. Era verano, por cierto. El calor de Ourense en verano es legendario.


A la mañana siguiente me desperté con un dolor de cabeza insoportable, la habitación estaba a oscuras. Leonard cantaba Suzanne por enésima vez. Seguía teniendo, a pesar de la resaca, unas irreprimibles ganas de follar, así que cogí un condón y me propuse acabar lo que había empezado. Ella estaba dormida, decidí colocarla otra vez para que fuera más fácil, pero ahora sabía que tenía que hacer un esfuerzo doble, o triple si añadimos que estaba profundamente dormida. Volví a colocar mis manos debajo de su culo e hice fuerza. De nuevo no se movió ni un milímetro, pero esta vez algo sonó en mi espalda, en mi columna concretamente. El dolor fue insoportable, nunca fui una persona quejica, pero no pude reprimir un grito de sufrimiento.
Se despertó sobresaltada.
-¡Qué pasa! ¡Quién eres tú!
Me empujó de la cama y caí torpemente al suelo. Me dí un golpe en la cabeza y perdí el sentido.


Cuando me desperté un grupo de sanitarios contaban del uno al tres y me movían al unísono a una camilla. El dolor seguía siendo insoportable. Me inmovilizaron y me llevaron al hospital. A un lado estaba ella, la gorda, la hija puta, ahora la veía bien, fea, gorda, con los dientes ennegrecidos por la piorrea. Me dolía muchísimo la cabeza y la espalda. Había vomitado y apestaba.

Continuará.
Mañana a la misma hora exactamente la última entrega.
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Ilustraciones:
Mujer roja. óleo sobre tabla 122x110.
Abierta de piernas. tinta pilot en papel.

La mujer roja se vende, para quien la quiera es suya por 300 Euros más gastos de envío.