viernes, 22 de abril de 2011

LO QUE DA DE SÍ UN CUADRO.

entrada copiada de mi blog velpister arte plástico donde pongo mis caudros y dibujos y hablo exclusivamente de pintura o así, aunque de vez en cuando divague, como aquí.


Y esto es lo que más me gusta de mi manera de enfrentarme a mis creaciones, la manera de ser de mi creatividad, que se empeña siempre en buscar más cosas, de relacionarlo. Todos mis cuadros llevan una música o unas palabras, todas mis letras unos acordes o unos colores, todas mis melodías llevan pinturas y voces... Me resulta inevitable, además, me divierto, me divierto muchísimo...
Por ejemplo, me pongo a pensar en  esta serie, “el telón arrollado por un coche familiar” que pertenece a “el telón pisoteado” que será el título del musicoplastidrama que espero que algún día pueda llevar a cabo y que a su vez pertenece a una amplia serie de cuadros que llevo años pintando y que se titula “huellas”.


Los cuadros en cuestión están pintados con las ruedas de mi coche, un monovolumen, lo que antes se llamaba coche familiar, además hay otros elementos que los completan, pero lo fundamental es el surco de las ruedas sobre un rojo de diferentes tonos. El significado es muy sencillo, viene a decir, o a explicar, cómo la familia (burguesa casi siempre) arrolla y destruye el espectáculo y el arte en general para agarrarse con fuerza a la industria del ocio y el entretenimiento, es decir, esas opciones forzosas que tienen sus sedes en los centros comerciales, en las series de Tv. o en películas para todos los públicos, best sellers y corrientes de opinión que uniformizan a las mentes conformistas. No olvidemos que de esos núcleos familiares salen los siguientes pater y mater familias y, aunque algunos se tuercen, todos están dispuestos a morir y matar por defender y mantener este estilo de vida, como en el mito de la caverna o en Matrix (la primera parte, las otras: malas malas).



Yo sé de qué estoy hablando porque soy profesor de piano particular, es decir, acudo a la casa del burgués a dar clases de piano a sus hijos. Las cobro bien, resulta que las doy bien, piano en inglés, a veces mis alumnos salen de esa rueda, ya ha ocurrido, pero sin aleccionar, simplemente mostrando caminos, puertas, pero de esto hablaré en otra ocasión.
Me miran con simpatía, soy un personaje pintoresco, pero altamente despreciable en el fondo. Muchas veces he sido invitado a compartir mesa en alguna de estas casas siendo presentado como el amigo (porque a menudo acabamos considerándonos mutuamente amigos, y en esto no bromeo) artista, es generalizado, entonces, el comentario de ¡Ah, qué interesante! para acto seguido continuar con la charla insustancial que se venía sosteniendo.



A veces es posible encontrarme con una mujer, generalmente ama de casa cuarentona y pedante inculta (sé de qué hablo, repito) que se interesa exageradamente por mi trabajo. En estos casos siempre pienso si querrá comprarme un cuadro o chupármela. Ambas cosas buenas, y ahora explicaré por qué. Necesito vender mis cuadros a toda costa y si fuese que me la quiere chupar, con toda seguridad el paso siguiente sería el de comprarme un cuadro. Sí, puto, llamadme puto, o si preferís podéis llamarme puta, a gusto ¿sería, quizás, una sensación parecida a las veces que trabajé dejándome la piel por cinco euros la hora? ¿u otras veces que me sentí ultrajado por ver cómo se aprovechaban de mi talento para el beneficio de otros? También entonces me sentí como una puta barata, en este caso sería lo mismo pero sin ultraje, sino con mamada y un cuadro vendido. Nos ha jodido.



Además tengo el permiso implícito de mi mujer, no se lo he pedido, pero sé que lo tendría. Sería como aquella ocasión en que me presenté a las oposiciones de piano, por primera y única vez. Me preparé como un loco, un año levantándome a las seis de la mañana (costumbre que desde entonces mantengo, ahora mismo son las 7:21 y llevo una hora y 21 levantado), dejé de fumar, hice ejercicio (esa costumbre la perdí, mira tú), monté un programa de piano muy ambicioso y perfectamente preparado además de todas las demás pruebas... 



En el tribunal había una antigua compañera de estudios, ya completamente aburguesada y alejada del entusiasmo (de las que pisotean el telón), tras veinte largos años de servicios funcionariales, era de imaginar su abultada nómina repleta de trienios y pagas extras, y allí estaba yo, con ínfulas de artista bohemio, ser libre y auténtico, con un saldo medio en el banco de 50 euros, siendo mirado con desconfianza y desprecio, intentando mantener el porte, no imagináis lo difícil que es mantenerse derecho cuando uno no solo se siente si no que está amenazado por los que le rodean. 


Casi todos los miembros del tribunal me conocían, sabían de mis fracasos como pintor y pianista, eso hacía que me mirasen con altanería, sin embargo para mi esos fracasos que me obligaban a ir a las oposiciones por primera vez ya cerca de los cuarenta, era uno de mis éxitos en la vida, el haber fracasado tanto, estaba allí en ese momento por haber intentado muchas cosas... ellos no tenían ni un solo fracaso en sus vidas, se veía en sus caras exentas de luz, que no os parezcan crueles mis palabras, de verdad, sería el mundo al revés (pero esto es otra reflexión de la que me ocuparé en otra ocasión)...


 Le dije a Susana que la funcionaria en cuestión había estado locamente enamorada de mi en su momento, en fin, puede que locamente no, puede incluso que ni siquiera enamorada, pero que hubo una vez en que quiso temilla conmigo, eso lo puedo afirmar, resulta, por difícil que cueste creer, que hubo un tiempo en que todo el mundo quería temilla conmigo, todo el mundo sí, ya te digo todo el mundo. El caso es que acordamos que a la mínima posibilidad me la follase si eso hiciese posible aprobar el examen. Quede claro que yo sí, pero mi mujer no admite el adulterio bajo ningún concepto, excepto en este caso y, supongo, que el de la cuarentona ama de casa que me la quiere chupar a la que me refería al principio, y como lo supongo, no le pediré permiso...
 No me la follé y ella vengó su desamor poniéndome una nota injustamente baja, tan injusta fue la cosa que hubo comentarios de los asistentea al examen, ya que era de acceso público, de lo que me alegré, les di un concierto de piano que fue injustamente suspendido delante de sus narices y de las mías, tratamiento que era de esperar por motivos sexualmente insatisfechos y artísticamente enfrentados.

Pues mira tú que, y esto será fruto de otra reflexión y entrada (seguramente en mi blog principal) que después de cuatro años de aquel examen de oposición (no se volvieron a convocar oposiciones desde entonces), me acaban de llamar para una sustitución de dos meses aproximadamente en el conservatorio de Pontevedra. La reflexión que saque da aquí será jugosa, jugosa.
 Así que mira tú cuanto puede dar de si un cuadro.
Por cierto, no vendí ni el cuadro ni mi cuerpo...
Aunque todo sigue a la venta.
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