jueves 28 de julio de 2011

DEGLUCIÓN.


Esta ilustración y este relatillo es mi participación en el vinalia trippers from the crypt. Os aconsejo que os hagáis con él porque sin duda no hay muchas posibilidades de encontar buena literartura, de calidad, tan alejada de la mojigatería como la que aparece aquí, ya no sólo por la ilusión, por la creatividad y por el arte puro que hay en sus páginas, sino porque es difícil que se junte todo eso. Y aquí está, para quien lo quiera, sin concesiones, sin palabrería vacía o simplemente bonita. Para los pedidos la información en las entradas inmediatamente anteriores a esta.
 Es cierto que tengo un poco abandonado el blog, pero ahora lo abandonaré aun más, me voy unos quince días y estaré  sin conexión ni cobertura. A mi vuelta retomaré la actividad bloguera que tanto me mola y a la que le debo mucho.
Tardamos un tiempo en adaptarnos, no fue fácil. Este es un lugar muy lluvioso y bochornoso. Era muy difícil llevar una vida confortable, pero no había más remedio que aguantar, no había otras expectativas. Un día nos fijamos en una pequeña mancha mohosa que apareció en el techo. Poco a poco se fue agrandando, a los pocos días cubría casi todo el salón. Llenó la casa de un olor desagradable e intenso, acentuaba en nuestro ánimo la desidia del lugar. Llegó un momento en que todo el techo estaba ennegrecido, nuestro aliento se hizo repugnante, olía a moho y a encía enferma, nuestra piel estaba fría y mojada. Nos convertimos en seres estáticos y sin ilusión, pasábamos horas echados en el sofá mojado mirando a las paredes, nos resultaba imposible apartar la mirada de cada recoveco, admirábamos las extrañas figuras que se formaban, algunas como imágenes abstractas, otras parecían caras de personas, figuras angustiadas y sumisas que parecían mirarnos. Estábamos pasando por un infierno consentido, nos encontrábamos en una nube, nada mitigaba nuestro desdén. Por supuesto que en varias ocasiones, antes de caer en el sopor que nos había sometido, intenté acabar con la mancha, pero siempre volvía al día siguiente. Decidimos dejarla estar. Una mañana nos despertamos, no podría decir que horrorizados, aunque tampoco esperábamos una conclusión así. La casa se quedó vacía y nosotros habíamos sido engullidos, sí, engullidos, tragados, deglutidos. Lo supimos enseguida, estábamos rodeados de oscuridad, de ponzoña, nos encontrábamos en una especie de barro o chapapote espeso que dificultaba nuestros movimientos. Al menos seguíamos juntos, aunque ni siquiera eso nos aliviaba, en realidad nada nos importaba. Allí nos encontramos con otras personas, pero nunca intercambiamos una sola palabra, estábamos amodorrados, indecisos. Al poco tiempo vinieron a pintar los techos y las paredes, nos quedamos sin visión. La oscuridad se hizo total. Afuera seguía lloviendo. Un día, o quizás una noche, no sería capaz de distinguir, pudimos mirar de nuevo por un pequeño agujero. En nuestra casa había otras personas, una familia como la nuestra. Me recordaron mucho a nosotros, tenían la piel cetrina y constantemente fría y mojada. Poco a poco pudimos ver el resto de la casa, los nuevos inquilinos permanecían a menudo inmóviles observándonos, igual que nosotros a ellos. Tenían un aspecto lánguido y desdichado como las figuras que veíamos en las manchas de las paredes cuando estábamos al otro lado. Un día desparecieron de la casa. Están ahora a nuestro lado. Jamás intercambiamos una sola palabra. Jamás. No sabría decir porqué. Volvieron los pintores, volvió la oscuridad.

3 transeúntes:

Antonio Díez dijo...

dentro de la angustia y miseria que destila el relato le he encontrado un punto de humor... me he reído, sí

VELPISTER dijo...

Joder!!!!
pues qué bueno. de verdad que me mola esa reacción.

malone dijo...

lo del olor a encía enferma me parece una metáfora cojonuda que tal vez te la coja prestada algun día

pásalo bien, Peter!!