Yo estudiaba inglés. Estaba en Irlanda, en un viaje de estudios, salía con una chica aburridísima, cuando estoy con personas aburridas yo también lo soy, no había tema de conversación ni gustos comunes, aunque más bien parecía que a ella no le gustaba nada, dudaba, incluso, de si le gustaba yo. Se llamaba Rosa María, una auténtica muerma, no fue esta la única muerma con la que salí, una de las peores, sin duda, la muermez es una de las peores torturas. Éramos muy jóvenes, así que me centré en el sexo todo lo que pude, pero los dos éramos prácticamente inexpertos y no teníamos donde meternos, así que aquello se estaba convirtiendo en una nubecilla de verano anodina e improductiva, por más que intenté profundizar en nuestra relación no hubo manera, además su tedio no ayudaba, y así de penosamente iban pasando los días.
Una mañana me despedía yo de la casa de la familia que me tenía en acogida, la ciudad era Corck, por cierto, muy bonita y soleada. A los pocos metros salía una chica de una casa vecina. También parecía una estudiante extranjera, aunque no podría saber de qué nacionalidad, podría ser incluso irlandesa, no estaba mal, pero sobre todo tenía ese aire que a mí siempre me gustó, de intelectual, algo tímida pero a la vez resuelta.
Le pedí fuego.
-Have you got a light, please?
Le dije señalando mi ducados.
Me contestó en su pésimo inglés, con un fortísimo acento francés:
-No, I don´t smoke, but I would smoke you if I could.
Me quedé perplejo, era francesa, claro, por allí estaban más adelantados.
Pero apareció Rosa María, vivía al lado, era tan terriblemente muerma que ni siquiera observó con desconfianza la escena.
Así que allí estaba, con ella, aburrida, aburrido.
La francesa (Camille) se despidió de mí, no le di demasiada importancia, supuse que no la volvería a ver, no la vería nunca jamás en lo que me quedaba de vida.
Resultó que estaba en el mismo colegio al que acudía a clases de inglés durante las mañanas. Éramos diferentes grupos de diferentes países que difícilmente coincidíamos.
Había una sala con un piano. Era una sala amplia, el piano estaba más bien de adorno, allí se daban clases y también servía de sala de reuniones y, claro, de salón de actos.
Yo solía ir a tocar en las horas muertas, estaba desafinado, pero no me importaba, era de cola, no consigo recordar la marca.
Un día entró. Me puse algo nervioso, ella también. Hicimos ver que nos reconocimos, nos saludamos, venía con una compañera, hablaban en francés, me pareció muy melodioso, un idioma muy hermoso, algunas risas, cuchicheos. Se quedó sola. Me estaba escuchando, le gustaba, sabía que a las chicas les gustaba yo sentado al piano, lo sabía muy bien, superé los nervios iniciales y le dije que iba a tocar a un compositor que seguramente conocía, era francés.
-Oh, yes? Please, play it for me.
-Debussy- le dije.
Oh no, I don´t Know him, but play it anyway.
Lo que me gustaba era su acento, me volvía loco.
Toqué la arabesque nº1, no la conocía, pero le entusiasmó.
Nos enrollamos.
Dejé a Rosa María igual de virgen que cuando la conocí.
Camille era mayor que yo, significativamente mayor que yo, encontramos donde amarnos a gusto y así fue como descubrí, a pesar de que yo estudiaba inglés, lo mucho que me gusta el francés.