lunes 31 de octubre de 2011

LAS PESADILLAS DE MI MUJER



Es cierto que mi dormir siempre ha sido algo problemático. Heredé de mi madre su fragilidad, digamos incluso que su enfermiza debilidad. Cualquier pequeño ruido me despierta, siempre ha sido así, desde niño. Ahora se agrava el problema cuando al despertar ya no puedo seguir durmiendo. Es curioso como todo se repite. Cuando de niño me despertaba, podía ser por un sueño, por un mal sueño, me encogía diminuto con todas las mantas a modo de escudo protector de las sombras que me acechaban afuera, sabía que no estaba a salvo de ellas, pero era mi única posibilidad de seguir vivo. Ahora me ocurre con mi mujer que es ella la que tiene las pesadillas, unas pesadillas terribles, al menos eso parece por sus chillidos angustiosos, empiezan siendo respiraciones apuradas que se van agitando poco a poco, después empieza un leve quejido que parece provenir del más allá, generalmente en ese momento yo me he despertado, pero  a veces tardo un poco más, cuando ya se ha convertido en  un agonizante grito, no muy alto, el sueño le impide que sea más fuerte, pero va subiendo, es de una desazón tan intensa que me aterra, como si yo fuera parte de la pesadilla o, mejor dicho, como si fuera una de las víctimas, al principio tenía que hacer esfuerzos para no taparme con las mantas como cuando era pequeño, tal era el sonido aterrador de su grito, iba subiendo en intensidad lastimosa, pero poco a poco fui capaz de despertarla en el primer quejido, al más pequeño e inaudible lamento la golpeaba suavemente para interrumpir su pesadilla. Después de eso me resultaba muy difícil volver a conciliar el sueño, a veces lo conseguía y a veces no. Las pesadillas no eran constantes, pero podríamos decir que se producían a menudo, ella rara vez se acordaba de ellas, pero las que había conseguido contarme trataban sobre espectros que caminaban lentamente hacia nuestra morada, que entraban y, una vez allí, nos sometían y nos poseían, eso cuando, simplemente, no nos despellejaban, con las cabezas de nuestros hijos ensartadas en grandes lanzas a modo de bandera. Por fin el tema de las pesadillas de mi mujer se convirtió más que en un fastidio, en una rutina, ella soportaba mis ronquidos y yo sus quejidos, pero empezaron a ocurrir cosas, cosas muy extrañas al principio que yo, escéptico por naturaleza, no quise atribuir a nuestros nuevos hábitos. Nada más turbar su sueño se escuchaban ciertos susurros en el dormitorio, la primera vez encendí rápidamente la luz de mi mesilla de noche, con la dificultad que a mis movimientos producía el latir de mi corazón, violentos golpes que me nublaban la razón, cuando encendía la luz no había nadie, como era de esperar, y el silencio se hacía de nuevo, ella seguía durmiendo, mis empujones no hacían que se despertase del todo, simplemente que cambiase de sueño, así de sencillo, así lo comprendí. Poco a poco esta situación se fue haciendo más y más habitual, pero una noche los ruidos habían pasado a ser golpes y los susurros horrendos gruñidos, encendí la luz como pude y observé que nuestro dormitorio estaba invadido por  presencias horrendas, puede que asesinos, puede que borrachos pendencieros, quizás monstruos desfigurados, llevaban ensartados en sus lanzas las cabezas de mis hijos y de mi mujer, las criaturas tenía los ojos salidos de sus órbitas y sus lengüitas colgaban sanguinolentas, pero todas las bestias aparecidas tenían la misma cara. La mía, y no podía evitarlo, me reía, me reía a carcajadas.

viernes 21 de octubre de 2011

NUESTRO TRABAJO



Todo artista grande o pequeño ha de decir o hacer lo que no se debe, lo que no se espera, lo que no está permitido, lo que no quieren que se diga y, si es necesario, repetirlo.
A veces sentir un vértigo ante el atrevimiento de plasmarlo y de publicarlo, una buena provocación en toda regla, dar nombres y apellidos si el discurso lo requiere, y si no lo requiere, no importa, darlos igual, datar con detalle cada insignificancia, hacer montañas con arenisca, despellejar la realidad, no apartar la mirada, eso, todo eso, es necesario, sin remilgos, sin cobardías, sin esperar simpatías, sin buscarlas, un simple discurrir en la acción artística. Cronistas a saber de qué, de la inmundicia o de la belleza, de la mezquindad o de la exuberancia, de la abominación o del amor, de lo cotidiano o de lo extraordinario y conseguir de la mezquina inmunda abominable cotidianidad algo bello, exuberante y extraordinariamente amable, o todo lo contrario. De esto trata, más o menos exactamente, nuestro trabajo.

martes 18 de octubre de 2011

LA NOCHE TRANSFIGURADA




Donal era un irlandés católico y un caballero. Insistía en que su nombre no llevaba d al final
-This is Donald duck, fuck!
Agradable, pero bastante feo o, al menos, muy poco guapo. Solíamos salir por las calles de los vinos, los profesores y el resto de empleados. Belén era la dependienta de la librería, la cual formaba parte de la misma empresa. No era demasiado guapa, pero también era muy agradable, como Donal. No hablaba ni papa de inglés, Donal ni papa de español. Esa noche se enrollaron, todos lo vimos y cada uno siguió a lo suyo. Él era un irlandés católico y un caballero, ella parecía contenta. Todo iba bien, realmente bien. Los días eran claros y las noches cegadoras.
Era invierno, con ese frío de invierno que hace en Ourense en invierno, ese invierno que no cesa y te penetra sin compasión alguna, si te pilla desprevenido te puede provocar arcadas de llanto y cada paso es un martillazo en los delicados dedos de tus pies, ese frío espantoso fue peor una mañana en la que entró en la academia, como un torbellino, una mujer bajita vestida de negro. Arrastraba a su hija, Belén, de la mano. Cuando el director salió a su encuentro gritó enfurecida:
-¡Está embarazada!
Pobre Belén, qué vergüenza tuvo que pasar, yo la miraba deseando que encontrase mi mirada de amigo, de aquí estoy, no estoy escuchando a tu madre insultándote, llamándote perdida y puta, aquí tienes a un amigo, mírame, no estoy disfrutando. Pero estaba cabizbaja y con los ojos casi cerrados.
A todos nos pareció difícil que Donal fuera el padre. Él fue tajante al dar a entender que no era posible, pero también dio a entender que no le importaba. Un día le pregunté:
–What are you going to do?
-I don’t know Peter, I don’t know.
Donal era un caballero católico irlandés y estaba dispuesto a casarse con ella, quien iba a tener un hijo cuyo padre no daba la cara ni la daría.
-I don’t mind- me dijo un día apretando vehemente los puños.
 -I’ll take care of this boy as if he was mine.
Tenía ese típico acento irlandés.

Pero ella lo rechazó.

AMOR MANUAL DE ÁNGEL MUÑOZ




Os puedo ir anunciando que la presentación del poemario será el día 27 de Octubre (Jueves) a las 20 horas en la librería La Independiente del barrio madrileño de Malasaña.

Por otro lado deciros que ya podeis ir adquiriendo el libro tanto en la librería la Independiente ( Calle Espíritu Santo, 27) como en link de la librería online de La Clandestina que os dejo si pinchais aquí

E incluso en la librería barcelonesa Librería Pequod Llibres, C/Milá i Fontanals 59.

Por último, deciros que una buena crítica del poemario aparece en la revista Alenarte que podeis leer pinchando aquí.

viernes 14 de octubre de 2011

LA POESÍA


la poesía no sirve 

para nada

absolutamente 

nada 

pero es inevitable

absolutamente

inevitable

miércoles 12 de octubre de 2011

CULT MOVIES, DE VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ.



CULT MOVIES + GRITOS EN EL PASILLO



Habíamos avisado ya de que Cult Movies: Películas para llevarse al Infierno traería alguna sorpresa añadida, además de los 32 pictogramas de Julia D. Velázquez y el epílogo de José Ángel Barrueco, y al fin, a menos de un mes de que la criatura salga de imprenta, podemos confirmar la noticia: el libro vendrá acompañado del DVD Gritos en el pasillo, de Juanjo Ramírez (producida por Perro Verde Films & Producciones bajo la lluvia), una de las películas reseñadas en la guía.

Qué decir de Gritos en el pasillo y de poder ofrecérosla con el libro...

Una de las mejores, si no la mejor película de animación del cine español del nuevo milenio, que me arrebató desde el primer visionado y que desde entonces no he dejado de recomendar en este y otros blogs...

Elegante, poética, gótica, siniestra, bizarra, delirante, innovadora, hipnótica, divertida, imprescindible, de culto... Una de esas películas que, sin dudarlo, recomendaría a mis hijos y nietos (si los tuviera) y me llevaría bajo el brazo al mismísimo infierno...

Arriba, la nueva y definitiva portada del libro, con el logo del DVD añadido, y el cartel original de la película.

Aquí aquí, la sinopsis de ambas y nuestras biblios.

Y aquí, para afilaros los dientes, el trailer de la joya de la corona:
Gritos en el pasillo.

Felices Pesadillas, queridos drugos,
& Cuidado con los Bichos Malos

v

copiado del blog de vicente muñoz álvarez, pincha aquí para ir.

lunes 10 de octubre de 2011

MI MÁS FERVIENTE ADMIRADORA



Había sido invitado a tomar un té con una escritora de prestigio. Una señora de unos 70 años que había leído mi poesía y algunos cuentos que según parece le resultaron muy interesantes y quiso conocerme en persona. Yo también había leído algunas cosas de ella y la verdad es que no me gustaban nada. Era bastante ñoña y predecible en todos sus textos, buscaba la aprobación de las editoriales y de sus cientos de miles de lectores a base de textos políticamente correctos, aptos para toda la familia, con diálogos y argumentos llenos de concesiones. Pero publicaba mucho y tenía muchos contactos y, la verdad, pensé que podría sacar algún provecho de la situación teniendo a esta inesperada admiradora. No comprendía como a una escritora así podían gustarle mis poemas y, especialmente, mis cuentos. Estuvimos hablando de muchas cosas, por supuesto de literatura, de música, del proceso creativo. Le conté que mi experiencia con la escritura era muy problemática, ya que estaba constantemente sujeto a algo parecido a golpes de suerte, que seguramente me faltaba oficio, etc.
-Tonto- se rió de mi-, eso nos pasa a todos de una manera u otra.
A medida que pasaba el tiempo me fui sintiendo más y más a gusto. La conversación, al final, resultó de lo más interesante. Me sorprendieron sus lecturas inimaginables para una mujer (una anciana) como ella. Me había tomado tres tés. Un tipo de té muy especial, según me dijo, con una cantidad considerable de marihuana. Pero no debía de ser ese el único estupefaciente que contenía la infusión porque cada vez me fui poniendo más locuaz, recuerdo que reía con fuerza, frenéticamente, ella también se reía y aplaudía mis gracias. Hasta que los recuerdos cesan. A partir de un punto en concreto no recuerdo nada. Absolutamente nada. Cero.
Cuando me desperté, es decir, cuando volví en mí, vi mi imagen reflejada en un enorme espejo que cubría la pared del dormitorio en donde me encontraba. Abrí los ojos con dificultad, no podía creer lo que estaba viendo. La vieja me tenía abrazado o, más bien, agarrado. Me arrullaba como si fuera un niño pequeño. Estaba desnudo, ella también, pero eso no era todo, entre arrorró y arrorró me meneaba la polla que, afortunadamente, estaba completamente fláccida, aunque la seguía manoseando con interés
-¿Ya te despertaste cariño?
Me levanté de un brinco.
-¿Pero qué hostias pasa?
-Huy, ¿qué modales son esos de repente, amor?
Busqué mi ropa, estaba desperdigada por toda la habitación. Era un dormitorio muy grande, con una decoración recargada hasta el exceso, tapices en las paredes, sofás repletos de cojines, aparadores lujosamente tallados, jarrones chinos. Parecía un salón si no fuera por la enorme y señorial cama con dosel que se encontraba en el centro de la estancia. Sentí ganas de romperlo todo, pero me tambaleaba, aún me sentía algo aturdido. No recordaba nada, imaginé que me habría echado alguna droga en el té, había caído como una de esas adolescentes que salen en las páginas porno. A un lado había una cámara de vídeo sobre un trípode.
-¿Qué coño es eso? Pregunté alarmado.
-Ay cariño. Recuerdos, son recuerdos- dijo coquetamente.
-¿Pero qué cojones ha pasado aquí? ¿Me lo quiere usted decir?
-¿Ya no me tuteas?- me contestó mientras se espanzarraba repugnantemente en la cama, abriéndose de piernas y acariciándose lascivamente el clítoris- Pues lo que ha pasado es muy sencillo. Nos hemos pasado la noche haciendo el amor, cariño mío. Toda la noche follando. Me extraña que no te acuerdes de nada.
-¿Qué? No me lo creo ni de coña.
No encontraba mis calzoncillos. Se incorporó y me encontró toda la ropa en un santiamén. Era una vieja ágil y fuerte,  estaba muy en forma.
-No te preocupes cariño, te aseguro que nos lo hemos pasado de maravilla.
-Pero qué dices tía- Contesté enfurecido mientras me vestía a toda prisa
 –Oye, no sé qué es lo que habrás grabado, me has puesto una droga, es evidente, no sé que habrá pasado, pero, pero...
-Sí. Lo he grabado todo. Te puedes llevar una copia para que lo veas. Pero piensa una cosa mi amor. Cuando estés delante del televisor mirando las cosas que me has hecho piensa que soy una mujer agradecida, pero que muy, muy agradecida.
Pensé que me estaba ofreciendo dinero.
- Pero de eso ya hablaremos, ahora vete a casa y descansa, recapacita.
 La idea del dinero anuló momentáneamente el asco que estaba sintiendo ante su cuerpo desnudo. Además de ágil y fuerte, era una anciana gorda, con la piel extraordinariamente arrugada y todas las carnes colgando, caminaba por la habitación posando para mí como si fuera una adolescente, riéndose escandalosamente a cada momento. La idea de haber sido un puto durante una noche no me importó demasiado, nunca he tenido remilgos a la hora de conseguir dinero, otras veces me sentí como una puta sin haber utilizado mi cuerpo sexualmente, si no dando mi tiempo y talento a cambio de migajas.
Nos despedimos, yo estaba algo más calmado.
Cuando llegué a casa puse el DVD inmediatamente, no podía aguantar la expectación. Lo que vi me dejó perplejo. Estaba fuera de mí. La  desnudé y la lamí por todo su asqueroso cuerpo, me centré en su coño, chupé su clítoris e introduje mi lengua dentro. Hice guarradas que no recuerdo haber hecho jamás en mi vida sexual normal, que de normal nunca tuvo nada, o eso pensaba hasta ese momento. Ella no hacía más que gritar de placer y reírse a carcajadas, estaba disfrutando física e intelectualmente, dominándome a su voluntad. La contemplación del vídeo, por cierto, perfectamente grabado, me repugnó profundamente, pero he de reconocer que se me veía pletórico de placer. Alguien estaba grabando, está claro, yo miraba a la cámara con cara de sátiro libidinoso, disfrutando de cada toma. Se la metí por delante y por detrás, me corrí en su cara varias veces. La infusión debía de llevar un potentísimo afrodisíaco porque mi erección no desapareció en ningún momento y prácticamente sin descansar volvía a embestirla violentamente. Me quedé tan alucinado que hasta comencé a verlo gracioso, una anciana perfectamente integrada en la sociedad, ganadora de importantes y prestigiosos premios, alguno entregado por miembros de la mismísima monarquía, escritora de palabras empalagosas, historias de final siempre feliz, donde no aparecen tacos ni cuando es imprescindible para la débil trama. Una mujer así que no sólo me ha drogado y, en cierto modo, violado, aunque nadie podría decirlo al ver estas imágenes, pero que además es una auténtica ninfómana, viciosa y pervertida hasta el extremo. Un auténtico personaje para mis historias.
Al poco rato me llamó.
-Qué ¿Lo viste cariño?
-¿Que si lo vi? Hay que ser puta zorra, colega.
Volvió a reírse a carcajadas.
-Sí. Soy muy puta, quien lo iba a decir ¿verdad? Cuando quieras lo repetimos amor mío.
.Pero qué dices. Tú a mi no me vuelves a tocar en tu puta vida o, mejor dicho, en tu vida de puta, ni me bebo un vaso de agua en tu presencia.
Entre carcajadas me dijo que no me preocupara, que si yo no quería no volvería a ocurrir. Me hizo gracia, como si no pudiera yo contenerme ante su escultural cuerpo. Me pidió, eso sí, que le devolviera el vídeo, nada más importante para ella que mantener su reputación sin tacha, de repente se puso petarda y paternalista, que una persona inteligente como yo no pondría eso en duda, que en la vida, especialmente en la vida social, nuestras respectivas máscaras son, han de ser, sagradas e intocables. Esto no era más que perversiones secretas que todo el modo de una manera o de otra tiene. Me lo había dejado llevar porque la sorpresa que me tenía preparada garantizaba su devolución y bla, bla, bla. Así quedó la cosa. Me sentí más seguro con el vídeo en mi poder, a mi no me importaba nada que saliera a la luz, pero a ella sí. Esto me aseguraba una buena cantidad de dinero que, teniendo en cuanta mi penosa situación económica, era lo único que me importaba en ese momento. Lo que me tenía mosqueado es que me hubiese dado el vídeo con tanta despreocupación, teniendo en cuenta lo que acaba de decirme. Dinero, pensé, mucho dinero. Zorra y, por lo que se ve, imbécil. ¡¡¡Joder, mucho dinero!!!
Entonces ocurrió lo inesperado. Al día siguiente me llamaron de una editorial. Una muy importante, de las que venden libros como churros, que te garantizan premios de enorme prestigio y dinero. Me llamó el mismísimo director general. Me explicó que alguien muy influyente le había recomendado vivamente mi obra. La había leído y quería publicar todos mis escritos y hacerme un contrato millonario. No tendría que cambiar mi forma de escribir, no habría ningún tipo de censura, tendría que entregar como mínimo dos libros al año, ya fuera de poesía, cuentos o novela.
-Se ha encaprichado de ti esa mujer ¿Eh?- me dijo irónicamente cuando nos despedíamos.
Parecía imposible que todo esto estuviese ocurriendo así, de la noche a la mañana. Un total desconocido, que había publicado algunos pocos libros en editoriales pequeñas y alternativas, de underground, en el único lugar en que mi literatura encajaba a la perfección. Estaba como en un sueño, flotando. El mejor chute de mi vida. Me convertí en un escritor de masas. Vendí cientos de miles de libros de relatos pornográficos con personajes borrachos, drogadictos e inadaptados. No me encasillé en esas temáticas, mi nueva situación me permitió otras búsquedas, pero siempre con textos que encajan más en la marginalidad literaria. Me han hecho entrevistas sesudas por parte de críticos literarios de gran renombre, querían comprender cómo mi literatura se había convertido en un fenómeno de masas, semejante a lo que ocurrió con Bukowski, pero siendo tan joven y mucho más guapo.
Viejas y adolescentes me adoran, he pasado de la miseria en la que vivía a vivir como me da la gana, sin grandes lujos innecesarios, pero sin penurias, escribiendo a mi ritmo y lo que quiero, sin presiones. Tengo dinero suficiente para acabar mis días sin problemas en caso de no poder cumplir con los plazos de entrega. La vida me ha sonreído por fin. Yo también soy agradecido, muy agradecido. Ni que decir tiene que le devolví el DVD a la vieja. De vez en cuando voy a visitarla, me tomo unos cuantos de sus tés y me voy al día siguiente sin recordar nada. Siempre se despide de mí con sus sonoras carcajadas, desnuda y espatarrada sobre su cama acariciándose el potorro, preguntándome si no quiero echar el último. Siempre me repugna esa última imagen. 

lunes 3 de octubre de 2011

EN LA CARNICERÍA



como en la carnicería,
en la cola del paro,
hay que coger número.
Observáis, atentos,
como allí,
el minucioso despiece que opera
el funcionario de turno.
Permanecéis en silencio,
 porque no sois amigos,
sois parados,
asquerosos parados,
os dan un número de entrada
y otro de salida que
deberéis sellar cada cierto tiempo.
No tenéis buen aspecto,
no os arregláis
como cuando vais al médico,
o acudís a una cita,
puede que hayáis manchado
vuestra ropa interior,
no importa,
por culpa del miedo,
tampoco importa.
No tenéis esperanzas,
porque sabéis que sois chusma,
silenciosa,
sois los perdedores,
callados,
sois los ladrones,
amedrentados,
que en su momento compraron
un piso,
un coche,
una lavadora,
un reproductor de dvd,
los que en su momento
pagasteis todo eso,
con buen dinerito,
dinero limpio,
de vuestro trabajo precario,
pero sois chusma sumisa,
asquerosa, 
sois puta escoria
asquerosa,
carne muerta numerada,
asquerosa,
como en una carnicería,
asquerosa,
expuesta en los mostradores,
bien colocada y ordenada,
pero con mal color,
con mal olor,
con mal aspecto,
nadie querrá,
ya,
pediros,
a los parados de mierda,
a vosotros,
que sois tan miserables
que se os tiene que quitar
el piso,
y el coche,
y el dvd,
y la lavadora,
 y tendréis,
eso sí,
que seguir pagándolo,
con una limosna oficial,
basura de mierda,
nadie querrá pediros ya
ningún servicio,
por eso ahora estáis ahí,
en la cola del paro,
en otra más de las colas
para genocidio,
carne muerta,
como en una carnicería
cualquiera
de un centro comercial.
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El otro día, bueno, hace más que unos días, en verano, que parece que no se acabará ya nunca, fui a la oficina del paro. Sabía que para mí no habría nada, pero por probar. Nada, ni dinero por desempleo ni limosna  o subsidio o como se llame. Toda la vida trabajando y "mis circunstancias personales" como me dijo la chica que me atendió, hacen que no tenga derecho a recibir absolutamente nada, da igual que tenga hijos o que intente llevar una vida más o menos normal, que es lo que he sido, más o menos, toda la vida, una persona normal. Ya lo sabía le contesté, era por si hubiese algún error. Pero ella no entendió mi ironía y dio paso al siguiente.
El dibujo es una tinta pilot que hice hace años, cuando estaba dejando de ser tan normal y empezaba a desviarme.