Hoy es día de Reyes. Recuerdo aquella noche con claridad, por más que se empeñase mi madre en decirme que era imposible, que era demasiado pequeño para retener tantos detalles. Debían de ser las tres de la mañana. Me despertó gritando, muy bajito, casi sin voz. Me contó, más adelante, que había estado una hora llamándome desde su habitación.
-Nené, ven un momento nené. Tienes que ayudarme.
Me levanté despacio, tambaleándome de sueño, restregándome los ojos como cualquier niño de seis años.
Cuando llegué a la habitación no entendía lo que estaba pasando. La cara de mi madre sobresalía con dificultad en la cabecera de la cama, insistía en que me acercara, que estuviera tranquilo, que no pasaba nada. Tenía encima a mi padre. Me dijo que se había quedado dormido encima y no podía moverse.
Mi padre era un gordo borracho, un hijo de puta que esa noche estaba cariñoso y se murió sobre mi madre con los pantalones bajados. Se colocó de tal manera que la aprisionó. Los codos a los lados inutilizándole los brazos y las piernas haciendo un nudo para que no se resistiese. Estaba completamente inmovilizada, le faltaba la respiración, de ahí sus chillidos silenciosos a los que me refería.
Me puse a la altura de su cabeza. Me pidió que empujase. Estaba asustado, conocía la mala hostia del viejo, especialmente por las noches. Me dijo que no pasaría nada, estaba muy dormido, no se despertaría. Empujé con miedo y el cuerpo de mi padre a penas se movió.
-Más fuerte nené, así no saldrá. Con todas tus fuerzas cariño.
Hicimos un último esfuerzo y conseguimos que rodase al otro lado de la cama. Cuando se dio la vuelta aún estaba empalmado, un hilo de baba colgaba desde la punta de su polla hasta ella. Son cosas que no se olvidan. Aún hoy no me puedo quitar esa imagen de la cabeza por más whisky barato que beba.
Mi madre se incorporó rápidamente y me abrazó llevándome a la cama. -Duerme ahora- me dijo-. Recuerda que esta noche vienen los Reyes.
No conseguí dormir con el barullo de la policía, los sanitarios y los vecinos. Me levanté sin que nadie se diera cuenta y me acerqué al salón a abrir los regalos. Estuve solo. No recuerdo ninguno de ellos. Me quedé dormido en el sofá.
Poco tiempo después me contó toda la verdad. Lo de los Reyes y lo de mi padre.
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dibujo: borracho. tinta pilot/papel.
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